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Lic. Samuel Rodríguez, Director. 

CRISIS Y VIOLENCIA

Hablando de crisis mundial…
Una perspectiva desde la teología
      Alexander Cabezas
 
CORTESIA DE AGENCIA MISIONERA EDEHM

No es necesario ser economista ni especialista en finanzas, para darse cuenta que uno de los temas  de boga en la actualidad es la llamada:
Crisis Financiera Mundial.
Lo cierto es que el tema promete quitar el sueño a algunos, pero
levemente, pues creen que tal crisis no afectará el entorno de sus vidas y siguen haciendo derroches financieros. Mientras para otros, los 224 millones de personas que viven en América Latina y el Caribe, y que se encuentran en situación de pobreza extrema;  las noticias no son nuevas o relevantes, por la sencilla razón que pensar en crisis es hablar de lo cotidiano de la realidad de sus vidas.

Por supuesto, ya escuchamos las primeras voces que tratan de responder desde sus contextos eclesiásticos particulares.

Algunos creen que no vale la pena preocuparse en exceso, pues la pobreza es algo que ya Jesús lo advirtió cuando dijo: “Siempre habrían pobres entre ustedes”.  Entonces     éste u otro mal, son ante todo, para aquellos que han “sucumbido al pecado”, y su fe no refleja una confianza plena en Dios y su Palabra.

Otros con una visión más apocalíptica, ven una clara evidencia del fin de los tiempos.  Se acerca la eminente parusía y sólo queda poner la vista en las cosas de arriba, mientras ¡esperamos nuestra redención total!

Sin embargo, asumir que la pobreza o la falta de abundancia material, son signos visibles de una mala relación con Dios, no responde a las verdades presentadas en las Escrituras. “Un cristianismo de burbuja”, lo han llamado, pues pretenden mostrar que aquellos que están con Dios tienen una cobertura especial contra todo mal, mientras que el resto no.  Pero recordemos que Dios “hace que salga el sol sobre malos y buenos, yque llueva sobre justos e injustos” (Mateo 5:45).  Las  dádivas divinas son gracia indiscriminas, sin importar religión o denominación.  Dios es ante todo: ¡Dios de toda la humanidad!

Por otro lado, creer que los pobres “siempre estarán con nosotros”, como si se tratara de un asunto de “predestinación”, es algo que más bien nos debería producir vergüenza, pues como iglesia no hemos sido capaces de aportar  para la eliminación de la pobreza en ninguna dimensión, y aún estamos quedando en deuda con la sociedad.

Por supuesto, muchos de los acontecimientos mundiales son escenarios que señalan el fin de los tiempos.  El problema es asumir una postura de “evasión”, creyendo que no tenemos ninguna responsabilidad.  Tal como lo diría los Rolling Stones en una de sus canciones: ¡Si estalla el mundo que me importa!  Un mensaje convincente para una canción que promueve el individualismo y la anarquía;  pero muy desafinada para los cristianos que han sido llamados a ser agentes de cambio en la tierra.

El punto es que el tema requiere un poco más de análisis y reflexión, antes de llegar a una conclusión que evidencia una escasa comprensión hermenéutica del contexto bíblico y social de nuestros tiempos.

Antes de observar “hacia arriba”, deberíamos mirar “hacia nosotros mismos” y a “nuestro lado”.  Parte de ésta problemática y sus efectos, provienen de la codicia y la ambición humana.  La desigualdad, la concentración de las riquezas, de la tierra, el abuso del poder, son claras evidencias de lo que hay en el corazón del ser humano y ahora se nos está pasando la factura.

Tanto el sistema capitalista como comunista totalitario, sin pretender evaluar o comparar cuál modelo es más conspicuo; fueron concebidos para el beneficio de unos pocos.  Prueba de ello,  según señala el teólogo brasileño Leonard Boff (2007), es que “el  20 % de la humanidad dispone para su disfrute del 80 % de los medios de vida, mientras que un 80 % de la humanidad debe contentarse con tan sólo el 20 % de dichos recursos vitales”. Además Leonard agrega: “la distribución es pues, desigual, injusta y pecaminosa.”  (p.29).

La globalización económica y la crisis mundial, efectivamente beneficiará a unos cuantos, esto es claro cuando comprendemos que algunos perciben ganancias sustanciosas a costa de las ventas de armamentos, el lucro de los alimentos, la especulación de las medicinas, entre otros factores que están produciendo el exterminio de millones de persona en todo el mundo.

Se estima que el costo directo final de la guerra de Estados Unidos contra Irak, y la reconstrucción podría fácilmente alcanzar, según lo manifestado por el ministro de la Defensa de Gran Bretaña, Gordón Brown más de 750 millones de dólares" , y según fuentes, más de un millón de iraquíes han muerto desde el comienzo de la guerra, sin contar el número de soldados.

No puedo dejar de sentir pesar e indignación, al imaginar cuantos
programas de atención con la niñez, por ejemplo, hubiesen encontrado gran avance, si esos recursos destinados a llevar muerte, en su lugar se hubiesen destinado a construir vida.

Me pregunto si a ello se refería el actual presidente de los Estados
Unidos, Obama, en su discurso inaugural, al referirse a la crisis:
“Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era…”

La iglesia unida en la adversidad,
INTERCESION
tiene el claro compromiso de crear consciencia política y social, no para promover un sistema financiero específico, sino para promover las buenas nuevas del reino de Dios, y que se manifiesta en la vida práctica.  Que ejemplo más hermoso de compromiso y solidaridad nos presenta la Biblia, cuando ante el pronóstico de una hambruna en todo el mundo habitado, lo primero que hicieron los discípulos, conforme a sus posibilidades, fue “enviar apoyo a los hermanos de Judea” (Hechos 11:29).  Mientras en la actualidad ante el temor de una crisis, algunos están más preocupados por “sus  necesidades”, “sus ahorros”, lo cual no digo que este mal.  El problema es cuando cerramos todas las ventanas que nos comunican con el resto de la población más necesitada, y es hasta que nos vemos afectados directamente, cuando empezamos a preocupar por las situaciones de los demás.

Ahorremos, economicemos recursos, seamos prudentes en estos tiempos, pero ante todo, como creyentes comprometidos debemos regirnos por los principios del reino que se expresa en la promoción de la justicia, el servicio, el amor  y la entrega a otros.
Además, no podemos permitir que el temor nos paralice y nos individualice, ante pronósticos azarosos.  Si en verdad el reino es una realidad presente en nuestras vidas, entonces: “la esperanza del reino es una invitación a trabajar mientras es de día, a estar activos en el amor, a sembrar las semillas de la palabra y a extender la llama del Espíritu.”

Estos son tiempos para revisar y evaluar lo que en verdad es importante en nuestras vidas y tiene un sentido perenne.  Son tiempos para examinar que tanto está nuestra fe anclada en Dios.
INTERCESION
En la escasez o en la abundancia, Dios promete estar con nosotros, pero ¿estaremos nosotros en igual disposición para seguirle?
Que la misma oración del profeta Habacuc se convierta una realidad en nuestras vidas aún en la adversidad o en tiempos de bonanza:
“Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labrados no den mantenimiento, aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales, con todo, yo me alegraré en Jehová, me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3: 17-18).

Bibliografía
Arias, Mortimer. Anunciando el Reinado de Dios (1998).  San José, Costa Rica: Visión Mundial.
Aurora Catalina. Futuros.  Recuperado el 23 de enero 2008.
http://www.revistafuturos.info/futuros_8/pobreza1.htm
Bertone, Tarciso. Crisis financiera mundial es fruto de política sin Dios:
Vaticano.
http://www.milenio.com/node/87855

Boff, Leonardo. Virtudes para mundo posible III. Comer y beber juntos y
vivir en paz (2007). Editorial Sal Terrae: Santander.

El país. Como. Tomado el 22 de enero del 2009, El país. Com.
http://www.elpais.com/articulo/internacional/Discurso/inaugural/presidente/Barack/Obama/
espanol/
elpepuintusa/20090120elpepuint_16/Tes
Guardia, Alexis.  (Economista), para El periodista.  Tomado el 25 de enero 2009.
http://www.elperiodista.cl/newtenberg/1355/article-30805.html
 
Violencia en El Salvador: tiempo de autoreflexion
 
 

  

cchoriego@hotmail.com

Al abordar un tema tan terrible corremos el riesgo de mundanalizarlo o espiritualizarlo demasiado, ambos extremos son cosas que no deberíamos hacer. Podríamos también plantear soluciones al estilo de “ponerle el cascabel al gato”, donde se nos ocurre una idea brillante, pero, al mismo tiempo inviable, sin nadie que pueda implementarla.

 

En los últimos 30 años la iglesia evangélica ha crecido más que en los 70 anteriores, no es un fenómeno aislado de El Salvador, sino en toda América Latina. Antropólogos y sociólogos llevan ya mucho tiempo haciéndose la pregunta ¿porque cambia tan poco el estilo de vida de la región cuando tanta gente se ha hecho protestante? Los predicadores extranjeros, nos han hecho esa pregunta, y más recientemente los misioneros nacionales cuando regresan de visita también la hacen. Sin embargo, la posición de la iglesia, en su gran mayoría ha sido de no incluir ese cuestionamiento en su agenda. Ha tenido que tocar la delincuencia a nuestras puertas y llamar a nuestros teléfonos, para que nos demos cuenta que también nos puede alcanzar, y que no está confinada a los peores tugurios de nuestras ciudades.

 

Por supuesto la violencia no es culpa exclusiva de la iglesia evangélica, un fenómeno tan generalizado, es la suma de una infinidad de causas. Pero el que antropólogos, sociólogos y comunicadores seculares llamen a nuestras puertas buscando una respuesta, indica de la misma manera, que la iglesia tiene un mensaje importante. Seguramente esta gente no sabe bien que es, pero en su subconsciente intuye que tenemos una respuesta. Por supuesto la respuesta no es un plan, sino una persona: JESÚS, pero ¿De qué manera podemos presentar al Señor ante nuestra sociedad de tal forma que podamos ser entendidos y afectarla positivamente?

 

AUTOCRITICA

Ningún problema puede ser solucionado sin primero reconocerlo, al mismo tiempo que debemos buscar una posición respecto al tema de la violencia frente a la sociedad, debemos barrer nuestra propia casa. Reconocer que nos en la gran mayoría somos evangélicos en lugar: dentro de la “iglesia”, en un tiempo limitado: generalmente los domingos por la mañana.

 

Que nos toleramos muy poco dentro de nuestras iglesias locales, y mucho menos una iglesia con otra. Que hemos discutido y polemizado, acerca de quien es el que manda, que himnos cantamos, de que manera llevamos el evangelio. Que hay gente sobrecargada en activismo evangélico, gente no involucrada activamente en la iglesia. Que en general se podría decir de nosotros “este pueblo de labios me honra, más su corazón está lejos de mi, y su temor de Dios es mandamiento de hombres”.

 

Intentamos construir la “iglesia perfecta” donde puedan venir los inconversos, convertirse con “nuestros” mensajes, deleitarse en “nuestras” alabanzas, e involucrase en “nuestros” programas. Pero hemos olvidado que nada es nuestro, sino todo del Señor.

 

Casi la totalidad, sino todos, nuestros planes de trabajo, han sido elaborados con las mejores intenciones, dedicándole muchas horas de esfuerzo, pero quizás el problema es que sean demasiado “nuestros” y no tanto del Señor, revelados por su Espíritu Santo.

 

En lugar de avanzar en áreas vitales, retrocedemos, cancelamos proyectos misioneros y nos es sumamente difícil poner misioneros nuevos en el campo. Los ministros de nuestras mega-iglesias cada vez tienen menos contacto con la congregación. Tenemos muchos ejecutivos eclesiásticos, somos muchos los que deseamos dominar, pero casi nadie desea servir (en el contexto original de la palabra servir).

 

Nada pasará si primero no nos humillamos delante de la poderosa mano del Señor, sino nos arrepentimos y convertimos nuestros caminos. Debemos de hacerlo individual y colectivamente. Es algo que va más allá de llenar un estadio,  traer al predicador más conocido del momento, o al cantante más popular del día de hoy.

 

MINISTERIOS DE MISERICORDIA

Los evangélicos siempre hemos estado involucrados en ayudar a los necesitados, instituciones como Visión Mundial, Compasión y otras tienen muchos años trabajando y afectando a la sociedad. No se trata de convertir nuestras iglesias en ONGs pero si, de salir de nuestras cuatro paredes.

 

Es importante y gratificante que tengamos varias radios y estaciones de TV para presentar el evangelio, y que podamos invitar mediante ellas a que la gente venga a nuestras congregaciones. Sin embargo Jesús no hizo una sinagoga preciosa en Nazaret, se compró un muy elegante traje y formó el mejor grupo de alabanza para que todo el mundo viniera a verlo a su ciudad, por el contrario, el Señor salió al encuentro de los perdidos, y compartió con las prostitutas y publicanos.

 

En el contexto de un grupo social, quizás nuestras congregaciones sean grupos de gente demasiado correcta. No estoy planteando que nos vayamos al libertinaje, y hagamos de la casa de Dios un circo, pero quizás nuestra atmósfera sea intimidante para los inconversos, y sea difícil para un no-creyente incorporarse a una iglesia, o inclusive atreverse a visitarla.

 

Es el mismo caso el del Señor, las sinagogas estaban llenas de gente que se consideraba a si misma correcta, pero El no vino a buscar a los sanos y a los justos, sino a los enfermos y a los pecadores. Es interesante también que El nos vino a buscar, no somos nosotros quienes lo buscamos a El. Por lo tanto la iglesia debe salir a la calle a buscar a las “prostitutas y publicanos” de nuestro tiempo, gente que difícilmente iría a una iglesia.

 

Todos sabemos lo del gran mandamiento “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”, y cuando en el evangelio se pregunta “quien es mi prójimo”, se nombran a los religiosos, y a un samaritano, a un malo de la sociedad de ese tiempo, que es quien obra misericordia. Entonces sabemos que al Señor le agrada más la misericordia que la religiosidad, aún que la religiosidad evangélica.

 

Hay un concepto llamado el evangelio de las dos manos, que plantea la necesidad de además de llevar la palabra, llevar ayuda material y trabajar para mejorar el nivel de vida de las personas a quienes les presentamos el mensaje.

 

Por supuesto, al salir hay que hacerlo de manera prudente, “mansos como palomas y astutos como serpientes”. No de hacer caridad por hacerla, repartir ropa, balones de futbol, cuadernos, libros, víveres y salir corriendo. Sino quedarnos y acompañar a las personas en el viaje de conocer al Señor.

 

Hay muchas personas haciendo ministerios de misericordia a título personal, visitando cárceles, zonas marginales, drogadictos, indigentes, mareros, etc. Bastante menos iglesias tienen ministerios de misericordia integrales, y sorprendentemente las iglesias que los tienen no necesariamente son las ubicadas en las colonias más elegantes, llenas de profesionales, y con mayores recursos económicos.

 

Sería interesante que antes de nombrar nuestro enésimo comité para discutir si hacemos ministerios de misericordia o no, pudiéramos colaborar con la gente que ya lo está haciendo, seguramente de manera imperfecta, sin lograr todos los resultados que nosotros quisiéramos, pero lo importante es que se están moviendo, es mejor equivocarse actuando y logrando resultados, que seguir sentados en nuestras bancas, encerrados en nuestras iglesias y discutiendo teóricamente sin atrevernos a practicar.

 

Somos personas muy diversas, y seguramente cada uno tendrá su manera de hacer las cosas, pero es importante que dentro de nuestros dones, llamado, experiencias, etc. podamos obrar, y recordar que Jesús más que teologizado, discutido o defendido, por parte de nosotros debe ser imitado. Probablemente al salir de nuestras cuatro paredes podamos afectar positivamente a nuestra sociedad, y ella se tope con JESUS.

 

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